¿Pastilla o líquido? La diferencia real
Dos formatos para un mismo aparato, entre los que normalmente se elige al azar.
El difusor eléctrico admite tanto pastillas como frascos de líquido, y el comprador suele elegir lo que es más barato o simplemente lo que tiene a la vista. Sin embargo, la diferencia entre ambos es totalmente práctica.
La pastilla está pensada aproximadamente para una noche: entre ocho y diez horas de funcionamiento. Resulta práctica para llevar de viaje, a la casa de campo durante el fin de semana o a un hotel: no se derrama, ocupa poco espacio y no necesita nada aparte del aparato. El consumo se calcula por unidades, y si el difusor funciona cada noche, el paquete se acaba rápido.
El líquido está pensado para un funcionamiento prolongado: según el volumen del frasco, puede durar entre treinta y sesenta noches. Para una casa donde el aparato se enciende cada tarde durante toda la temporada, resulta bastante más cómodo y rentable: se coloca al principio del verano y no hay que pensar en ello hasta agosto.
Hay también un detalle práctico del que rara vez se habla: no hay que olvidarse de cambiar la pastilla, y una pastilla usada casi no se distingue exteriormente de una nueva. En este sentido, el frasco permite comprobarlo de un vistazo: se ve el nivel del líquido.
Lo que ambos formatos tienen en común es que el aparato está pensado para un espacio cerrado y funciona mediante la saturación gradual del aire de la estancia. Dejar abierta de par en par la puerta del balcón reduce el efecto a cero. Ambos formatos existen en versiones sin olor, algo importante para el dormitorio y para quienes son sensibles a las fragancias.