Moscas en instalaciones alimentarias: por qué las cintas siguen vigentes
El formato más sencillo sigue funcionando allí donde el uso de aerosoles está limitado.
La cinta adhesiva atrapamoscas parece arcaica frente a los productos modernos y, sin embargo, sigue presente en la restauración colectiva, el comercio de alimentos y las explotaciones agrícolas. La razón no es el conservadurismo.
Donde hay alimentos expuestos, equipos en funcionamiento y personal, el uso de aerosoles está limitado por razones evidentes: el tratamiento exige desalojar el local, respetar un tiempo de actuación y realizar después una limpieza. La cinta no exige nada: simplemente cuelga y funciona de forma continua, sin entrar en contacto con los alimentos ni con las personas.
Su segunda ventaja es que permite evaluar la situación a simple vista. Por el número de moscas capturadas en un día se ven tanto la magnitud del problema como el resultado de las medidas adoptadas. Es una métrica sencilla, pero real, y para los inspectores constituye además una confirmación de que se lleva a cabo el control.
Es importante entender su limitación: la cinta captura individuos adultos y no elimina el foco. Si cerca hay un contenedor abierto con residuos orgánicos, las cintas se llenarán sin parar. El orden es siempre el mismo: primero el foco y después los productos.
La práctica demuestra que la combinación funciona mejor así: contenedores cerrados y retirada periódica de residuos, mallas en ventanas y ventilación, cintas en las zonas donde se concentran las moscas y tratamiento localizado allí donde lo permiten los requisitos sanitarios.