Garrapatas: cómo tratar correctamente la parcela
No hace falta ni resulta útil tratar toda la parcela: lo eficaz es actuar en las zonas de riesgo.
El tratamiento acaricida de una parcela provoca dos ideas erróneas opuestas. Unos creen que hay que tratarlo todo y con la mayor frecuencia posible; otros, que no sirve de nada porque las garrapatas llegan igualmente desde los terrenos vecinos. Ambos extremos son incorrectos.
La garrapata se desplaza poco: durante toda su vida recorre decenas de metros, no kilómetros. Por eso, una parcela tratada permanece relativamente protegida, y la mayor parte de la entrada se produce por los límites: desde el bosque, un terreno baldío o una parcela vecina abandonada, a lo largo de los senderos.
De ahí la lógica del tratamiento: no hay que actuar de forma generalizada, sino por zonas de riesgo. Estas son el perímetro junto al límite con el terreno no tratado, los senderos y caminos, las zonas de descanso y los parques infantiles, los lugares con hierba alta y arbustos y las áreas bajo árboles con una capa espesa de hojarasca. Un césped abierto y cortado en el centro de la parcela prácticamente no necesita tratamiento: la garrapata no tiene dónde permanecer allí.
Las condiciones de aplicación son importantes. El tratamiento se realiza con tiempo seco, suelo templado y sin viento, por la mañana o por la tarde. La lluvia durante las veinticuatro horas siguientes anula el trabajo. El primer tratamiento suele hacerse en la segunda mitad de abril o a principios de mayo y, si es necesario, se repite cerca de agosto, antes del segundo pico de actividad.
Y hay medidas que el tratamiento no sustituye: cortar la hierba, retirar las hojas y la madera caída, llevar ropa que cubra el cuerpo y revisarse después de cada salida a la hierba. El tratamiento reduce el riesgo, pero no lo elimina; una revisión realizada a tiempo sí lo reduce prácticamente a cero.