Control invernal: qué no conviene aplazar hasta la primavera
Si se interrumpe el control en invierno, la población se habrá duplicado al llegar abril.
En invierno disminuye la actividad de las plagas en el exterior, lo que crea una engañosa sensación de calma. Dentro de los locales climatizados nada ha cambiado: hay calor y alimento, no hay depredadores y las condiciones para la reproducción son mejores que en verano al aire libre.
Por tanto, interrumpir el control durante el invierno no supone ahorrar, sino aplazar los gastos. En primavera no tendrá la población que había en otoño, sino una considerablemente mayor, y tendrá que empezar la temporada luchando en lugar de previniendo.
El programa mínimo de invierno requiere poco tiempo. Las estaciones de cebado permanecen en su sitio y se revisan cada una o dos semanas. El cebo se renueva según se consume: si se reseca o se humedece, pierde atractivo y deja de funcionar. Los puntos con un consumo persistentemente alto se anotan por separado: cerca de ellos suele haber un nido o una vía de entrada, y es allí donde conviene buscar.
Preste especial atención a las dependencias del personal. En invierno el personal come con más frecuencia en el lugar de trabajo y los comedores se convierten en la principal base alimentaria de la instalación. Revisar las taquillas, gestionar correctamente los residuos y no dejar comida durante la noche aportan más que añadir puntos de control en la zona de producción.