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¿Rata o ratón? Por qué no es una cuestión trivial

¿Rata o ratón? Por qué no es una cuestión trivial

De la respuesta dependen la colocación del cebo, el número de puntos y los plazos.

Decir «Tenemos roedores» no define suficientemente el problema. Las ratas y los ratones se comportan de manera tan distinta que la estrategia contra unos funciona mal contra los otros.

El ratón es curioso y explora de buen grado los objetos nuevos. Prueba el cebo casi de inmediato, pero come poco y en distintos lugares, por lo que hacen falta muchos puntos y deben estar próximos entre sí: cada dos o tres metros a lo largo de las paredes. El ratón rara vez se aleja mucho del nido: si se encuentran rastros en una esquina concreta, el foco está casi con toda seguridad cerca.

La rata se comporta de manera opuesta. Es cautelosa y desconfía de todo lo nuevo en su entorno habitual; esta característica se denomina neofobia. Una rata puede evitar una nueva estación de cebado durante varios días, y eso es normal, no un fracaso. En cambio, se desplaza decenas de metros por rutas estables a lo largo de las paredes: hacen falta menos puntos, pero deben colocarse justo en la ruta.

En la práctica, la diferencia es la siguiente. Con ratones, que no haya consumo al cabo de dos días es motivo para revisar la ubicación. Con ratas, que no lo haya al cabo de dos días todavía no significa nada; las conclusiones se extraen al cabo de una semana.

La forma más sencilla de determinar con quién se está tratando es observar los excrementos: los del ratón tienen el tamaño de un grano de arroz; los de la rata son bastante mayores, de hasta un centímetro y medio. El segundo indicio es el tamaño de los agujeros roídos y el tipo de daños en el embalaje.