En invierno no hay menos roedores
El invierno no reduce la población: simplemente la desplaza bajo techo.
La idea extendida de que el problema de los roedores se calma en invierno se basa en lo que se observa desde el exterior: hay pocas huellas en la nieve y no se ve movimiento. Dentro de los locales ocurre exactamente lo contrario. Todo lo que llegó con el frío no ha desaparecido; simplemente ha dejado de salir.
En invierno, la población se concentra en lugares cálidos con acceso a alimento y agua: sótanos, plantas técnicas, almacenes, locales con equipos e instalaciones ganaderas. La reproducción continúa todo el año cuando el calor es estable.
¿Qué significa esto en la práctica? Una pausa invernal en el control no es un ahorro, sino un problema aplazado. En primavera no tendrá la misma población que en otoño, sino una cantidad considerablemente mayor.
El programa mínimo de invierno es sencillo. Las estaciones de cebado permanecen en su sitio y se revisan periódicamente; el cebo se renueva a medida que se consume, y los puntos donde el consumo se mantiene alto requieren una atención especial: normalmente cerca hay un nido o una vía de entrada.