Revisión del almacén en enero
La maquinaria está parada y hay menos envíos: no habrá mejor momento para inspeccionar las instalaciones.
Enero suele ser más tranquilo en el almacén que diciembre. Hay menos expediciones, parte de las superficies está libre y aparece algo que no existe en temporada: la posibilidad de inspeccionarlo todo con calma.
Lo lógico es empezar por el perímetro. Los puntos de entrada rara vez parecen dramáticos: una holgura de un centímetro y medio bajo el portón, un paso de tubería sin sellar, la falta de una rejilla en el extractor o una puerta trasera entreabierta que se mantiene abierta con un ladrillo por comodidad. El ratón pasa por un orificio de poco más de un centímetro; a la rata le bastan dos centímetros y medio.
Después, las zonas interiores. Los palés colocados pegados a las paredes impiden ver qué ocurre a lo largo del perímetro. Una sola inspección basta para amortizar una separación de veinte o treinta centímetros. Los palés, las cajas y los materiales de envasado apilados «hasta la primavera» son un refugio listo para ser ocupado.
Conviene revisar por separado los espacios de uso cotidiano. La sala de descanso, las taquillas del personal y el cubo de basura de la cocina proporcionan una fuente de alimento más fiable que toda la mercancía de las estanterías, porque la mercancía suele estar envasada y el almuerzo, no.
Y lo último: si las estaciones de cebado están colocadas desde otoño, enero es el momento de comprobarlas todas, no de forma selectiva. Una estación que no se ha revisado en tres meses no proporciona información, sino la sensación de que el control existe.