Tratamiento primaveral de la parcela: orden de actuación
Abril determina cómo será el verano en la casa de campo, y la mayoría de estas tareas solo hay que hacerlas una vez.
Los trabajos de abril en la parcela son aburridos y casi no dan resultados inmediatos, pero son precisamente los que determinan cuánto esfuerzo habrá que dedicar a la lucha en julio. La lógica es sencilla: en primavera se trabaja con individuos aislados que han pasado el invierno; en verano, con sus descendientes, que se cuentan por miles.
El orden razonable es el siguiente.
Primero, la limpieza. La hojarasca del año anterior, la madera caída, los montones de restos vegetales, las tablas viejas y los neumáticos son lugares de invernada y refugio. Hasta que no se retire todo, lo demás tendrá un efecto limitado.
Después, el agua. Hay que revisar todos los recipientes: cerrar los barriles, poner boca abajo los innecesarios, limpiar los desagües y drenar las zanjas estancadas. Es la única medida que realmente reduce la población de mosquitos en la parcela, en lugar de ahuyentarlos.
Luego, la hierba. Hay que segar por primera vez, sobre todo a lo largo de los caminos, en el perímetro de la valla y en las zonas de descanso. La garrapata se posa en la hierba hasta un metro de altura; un césped cortado muy bajo no es adecuado para ella.
Y solo después, el tratamiento. El tratamiento acaricida del terreno contra las garrapatas se realiza cuando el suelo ya se ha calentado y con tiempo seco, normalmente en la segunda mitad de abril o a principios de mayo. No se trata toda la parcela de forma continua, sino las zonas de riesgo: el perímetro, los senderos, las zonas de descanso y el límite con el bosque o el terreno baldío.
Sobre las construcciones auxiliares: conviene inspeccionar el cobertizo, el garaje y el sótano antes de que empiece la temporada para detectar rastros de roedores que hayan pasado allí el invierno y sellar los pasos encontrados. En primavera se hace en una hora; en otoño se convierte en una tarea aparte.