Por qué en la casa de campo siempre hay más mosquitos que en la ciudad
No se debe a la naturaleza del entorno, sino a la cantidad de agua estancada que hay en la parcela.
La diferencia entre un piso urbano y una casa de campo en este aspecto se explica de forma más sencilla de lo que parece. El mosquito se desarrolla en agua estancada y necesita muy poco para hacerlo: sirve cualquier recipiente donde el agua haya permanecido más de una semana.
En una parcela típica suele haber más de diez puntos de este tipo, y el propietario no considera la mayoría de ellos una fuente del problema: un barril de riego, un cubo bajo el canalón, una palangana olvidada, neumáticos viejos, platos de macetas, una zanja junto a la valla, un canalón obstruido, una piscina infantil que nadie vacía. En conjunto, todo ello crea un criadero de mosquitos propio a veinte metros del porche.
De ahí una conclusión práctica que funciona mejor que cualquier producto: hay que empezar revisando el agua. Cerrar los barriles con una tapa o cubrirlos con una malla, poner boca abajo los recipientes innecesarios, vaciar los platos, limpiar los desagües y drenar las zanjas. El agua corriente, los estanques con peces y los cursos de agua no suponen ningún peligro: el problema está precisamente en el agua estancada y sin circulación.
Después de eso, los productos empiezan a funcionar como se espera. La espiral en el porche crea una zona confortable para la tarde, el difusor eléctrico con líquido o pastilla protege durante la noche en la casa, y el aerosol repelente sirve para pasear y trabajar en el jardín. Pero si en el patio hay un barril abierto, se estará luchando contra un flujo interminable y la cantidad acabará imponiéndose.