Un nido de avispas del tamaño de una nuez en junio
En agosto, esa misma estructura tendrá el tamaño de un balón de fútbol y cientos de habitantes.
Las avispas empiezan a llamar la atención a finales del verano, cuando ya son numerosas y muestran un interés activo por la comida de la mesa. Para entonces, el nido lleva mucho tiempo construido y habitado, y retirarlo se ha vuelto bastante más difícil y peligroso.
Sin embargo, a principios de junio ese mismo nido es una pequeña estructura del tamaño de una nuez, iniciada por una sola hembra que ha sobrevivido al invierno. La diferencia en el esfuerzo necesario entre junio y agosto es aproximadamente la misma que hay entre esos dos tamaños.
Dónde buscar primero: bajo la cumbrera y los aleros del tejado, en el desván, en los respiraderos de ventilación, bajo el revestimiento de las paredes, en cobertizos y porches, en colmenas viejas y pilas de tablas. Es decir, en cualquier lugar seco, tranquilo y con resguardo por encima.
Qué no conviene hacer ni en junio ni, mucho menos, en agosto: derribar el nido con un palo, prenderle fuego o echarle agua. Las avispas defienden el nido con agresividad y pican repetidamente; para una persona alérgica no es una cuestión de incomodidad, sino de seguridad.
Los trabajos se realizan al anochecer, cuando toda la colonia está reunida y poco activa, con ropa que cubra el cuerpo y productos de acción dirigida. Si el nido es grande, está en un lugar de difícil acceso o alguien de la casa es alérgico a las picaduras, es más sensato no hacerse el héroe y llamar a especialistas.